Catedral y Torres Medievales

Te asombrará la continua y prolífica belleza de Salamanca, que generosa te regala, no una, si no dos catedrales. La nueva y la vieja, marcadas por los surcos que dejó el terremoto de Lisboa de 1755 y un mismo espacio en el que se dan cita 900 años de arte, historia, tradición y religiosidad.

Hablar de la Catedral de Salamanca, es hablar del origen de la ciudad. Un conjunto catedralicio con una importancia vital a la hora de entender la evolución, desarrollo, creación y construcción de Salamanca.

Es a partir de la construcción de la catedral vieja, en el siglo XII, cuando la ciudad empieza a crecer. El primer momento fundacional que tiene que ver con la repoblación del siglo XII. Pero también la catedral es el origen de la universidad y la universidad es la clave fundamental del esplendor de la ciudad en el S. XVI.

La Catedral de Salamanca se culmina en el S.XVIII y es en el S.XVIII el momento del barroco en el que se completa la ciudad. La belleza madura de la vieja es difícil de superar y, aunque las queramos por igual, ésta es el ojito derecho de los salmantinos. Hermanas en la misma fe y construidas con idéntico material. Distintas estéticas, para un fin igual.

La catedral más sobria y apacible, la vieja. Más espectacular y grandiosa, la nueva. El retraso en la construcción de la última, permitió que el viejo templo sobreviviera.

Alrededor de La Catedral, han girado siempre grandes acontecimientos en la vida de la ciudad. No solo los relativos a la liturgia. La música servía de cohesión en todas las funciones y actividades dentro y fuera del templo.

Para ello se contaba con un maestro capilla, que era el encargado de componer y dirigir la música, y a su vez, de organizar a capellanes,  músicos y organistas, instrumentos, salmistas y voces.

Sus amplias naves suelen ser un bullir de gente. El presbiterio se esconde tras un enrejado artesanal con motivos churriguerescos. Su capilla dorada está adornada con 110 estatuas en las que predomina el tono que le da nombre. Excepto la de la muerte, que aparece metida en un nicho con un sapo tapando sus partes pudendas.

La del Cristo de las batallas, que acoge esta imagen romántica, que según la tradición salmantina, portaba el obispo Jerónimo cuando acompañaba al Cid en sus batallas.

Aquí están los frescos más antiguos del gótico lineal de Castilla y el sepulcro de doña Elena de Castro. Uno de los pocos realizados por una mujer.

En su capilla de Santa Bárbara, los doctorandos se encerraban un día entero para pedir ayuda divina antes de defender su tesis.

Según una leyenda, para inspirarse apoyaban sus pies en los de la estatua y así pasaban la noche meditando. Este es el origen de la famosa frase “estar en capilla”.

Mientras la ciudad duerme, desde que Salamanca fuera Capital Europea de la Cultura, el programa Jerónimus permite disfrutar de las dos catedrales desde las alturas.

Desde estas torres medievales, que desafían las llanuras castellanas y definen el perfil de Salamanca con sus 110m de altura, se percibe el ministerio en el que la noche envuelve la ciudad.

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